Begoña Vila... la española que construye para la NASA el telescopio que sustituirá al Hubble

Fecha de publicación: 05/12/2016

Begoña Vila... la española que construye para la NASA el telescopio que sustituirá al Hubble

 

Begoña Vila (Vigo, 1963) es la astrofísica española que trabaja en el proyecto Goddard Space Flight Center y que construye en la NASA el telescopio espacial James Webb (JWST son sus siglas en inglés), el fascinante artilugio llamado a relevar al Hubble cuando sea lanzado en dos años, en la misión más trascendental que ha protagonizado la Humanidad en busca de sus orígenes.

 

Cuando el James Webb orbite alrededor de la Tierra desde una distancia a la que jamás ha llegado un ingenio fabricado por el hombre, 1,5 millones de kilómetros, comenzará una nueva etapa para la investigación del espacio.

 

Para viajar en el tiempo basta con mirar, como dice Begoña Vila, “más atrás”. Suena sencillo, pero es que a Begoña Vila le gusta simplificar para que puedan entenderla quienes no poseen su capacidad y brillantez intelectual. Es decir, casi todos. Para conseguir mirar más atrás la NASA ha puesto en manos de esta astrofísica gallega un presupuesto de 9.500 millones de euros y un equipo de mil personas. Así que tan fácil no debe ser mirar más atrás. La herramienta para conseguirlo es un súper telescopio que será puesto en órbita dentro de algunos meses (en octubre de 2018) y que en estos momentos se encuentra en fase de pruebas. El James Webb, bautizado con este nombre en honor de James E. Webb (administrador de la NASA y hombre esencial en el proyecto Apollo), será el sustituto del Hubble, que lleva desde abril de 1990 orbitando alrededor de nuestro planeta.

 

El telescopio James Webb cuenta con un diámetro de seis metros y medio, que permitirá una imagen con más luz. El espejo era demasiado grande para ser enviado en una sola pieza en el cohete espacial, por lo que se ha formado con una estructura de 18 grandes espejos (cada uno del tamaño de una mesa de café y de 20 kgs de peso), que ayudarán a proyectar la luz que reciba del sol. Las placas protectoras solares, que sirven para mantener al telescopio muy frío, de modo que pueda observar en el infrarrojo, ocuparán al abrirse en el espacio el tamaño de un campo de tenis. 

El infrarrojo permite «poder mirar hacia atrás» en el tiempo a las primeras estrellas y galaxias que se formaron, y también mirar a través del polvo en las zonas de formación estelar y planetaria. El objetivo: ver el origen de la formación del Universo. Esto supone cruzar el túnel del tiempo (y el espacio) hasta traer a la actualidad imágenes de hace 13,5 billones de años, como si se estuviera produciendo ahora.



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